Las cifras son claras. En España, apenas una de cada cinco matrículas en carreras de ingeniería corresponde a una chica. Hoy las mujeres son mayoría en las aulas universitarias, pero siguen siendo minoría en las titulaciones que diseñan el futuro: informática, telecomunicaciones, industrial, aeroespacial o robótica. La pregunta que muchas familias se hacen es tan sencilla como urgente: ¿qué podemos hacer desde casa para cambiar esta historia?

La buena noticia es que la brecha no aparece de golpe en la universidad. Se va formando poco a poco, en la infancia, entre juegos, comentarios cotidianos y la ausencia de referentes. Por eso las familias tienen un papel decisivo para que más chicas en ciencia y tecnología lleguen a la universidad con confianza, curiosidad y ganas de construir.

Una brecha que empieza mucho antes de la universidad

Según datos de la UNESCO, las mujeres representan alrededor del 35 % del alumnado de educación superior en áreas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) a nivel mundial, y su presencia es todavía menor en ingeniería, informática y tecnologías de la información. En el ámbito de la investigación, menos de un tercio de las personas investigadoras del mundo son mujeres.

Lo más llamativo es que las diferencias en capacidad no explican esta brecha. Las niñas obtienen resultados similares o mejores que los niños en matemáticas y ciencias durante buena parte de la etapa escolar. Lo que cambia es otra cosa: la percepción de lo que «es para ellas». Un estudio publicado en la revista Science en 2017 mostró que, a partir de los seis años, las niñas empiezan a asociar con menos frecuencia la brillantez intelectual con su propio género. Desde ese momento, muchas comienzan a evitar actividades que se presentan como «para personas muy inteligentes».

Es decir, la brecha de las mujeres en ingeniería es, en gran parte, una brecha de confianza y de expectativas. Y justamente ahí es donde las familias pueden intervenir.

Margaret Hamilton, ingeniera de software del programa Apolo, junto al código que llevó al ser humano a la Luna

Margaret Hamilton, ingeniera de software de la NASA, junto al código que hizo posible la llegada a la Luna.

Clave 1: Cuidar el lenguaje y las expectativas en casa

La primera clave para fomentar STEM en niñas no requiere comprar nada ni apuntarse a ninguna actividad. Empieza en las conversaciones del día a día. Frases como «las matemáticas no son lo tuyo», «eso es más de chicos» o «tu hermano es el manitas de la casa» parecen inofensivas, pero se acumulan y terminan construyendo una idea muy concreta de lo que una niña puede o no puede hacer.

Algunas ideas prácticas para aplicar desde hoy:

  • Elogia el esfuerzo, no el «talento». En lugar de decir «qué lista eres», prueba con «me encanta cómo has buscado otra forma de resolverlo». Así se refuerza la idea de que las habilidades se entrenan y no se nace con ellas.
  • Normaliza el error. En ingeniería, equivocarse forma parte del proceso. Cuando un experimento o un montaje no sale bien, celebra el intento y pregunta qué se puede mejorar.
  • Revisa tus propios mensajes. Si tú misma o tú mismo dices «yo soy de letras, las matemáticas nunca se me dieron bien», tus hijas lo escuchan. Muestra curiosidad por aprender aunque no sepas la respuesta.
  • Reparte las tareas técnicas sin estereotipos. Montar un mueble, cambiar una bombilla, configurar el router o arreglar una bicicleta son oportunidades perfectas para que las niñas participen.

Cuando una niña crece escuchando que es capaz de resolver problemas, empieza a verse a sí misma como alguien que puede diseñar, programar y construir. Ese es el primer paso para que más chicas en ciencia y tecnología se atrevan a elegir esos caminos.

Clave 2: Aprender haciendo, jugar construyendo

La segunda clave es pasar de la teoría a la práctica. La ciencia y la ingeniería se disfrutan cuando se tocan, se prueban y se rompen. Muchas niñas pierden el interés por la tecnología no porque no les guste, sino porque nunca han tenido la oportunidad real de experimentar con ella de forma creativa.

Algunas actividades que funcionan muy bien en casa:

  • Retos de construcción: puentes con palillos y plastilina, torres con vasos de papel o catapultas caseras. Son perfectos para introducir conceptos de estructura, fuerza y equilibrio.
  • Programación desde pequeñas: herramientas visuales como Scratch permiten crear juegos e historias animadas sin necesidad de escribir código complejo.
  • Robótica educativa: montar y programar un pequeño robot es una de las formas más motivadoras de unir creatividad, lógica y tecnología.
  • Experimentos de cocina: la cocina es un laboratorio de química. Hacer pan, cristalizar azúcar o comprobar reacciones con bicarbonato despierta preguntas científicas.
  • Proyectos con propósito: muchas chicas se motivan cuando la tecnología sirve para ayudar a otras personas o al planeta. Diseñar un sistema de riego para las plantas o una alarma para el cuarto convierte la ingeniería en algo cercano y útil.

Lo importante no es el resultado final, sino que la niña viva la experiencia de tener una idea, probarla y hacerla realidad. Esa sensación es exactamente lo que vive una ingeniera en su trabajo diario.

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Clave 3: Referentes femeninos y comunidad

«No se puede ser lo que no se ve». Esta frase resume la tercera clave. Durante décadas, los libros de texto, las películas y los medios de comunicación han mostrado la ciencia y la ingeniería como territorios masculinos. Sin embargo, la historia está llena de mujeres que transformaron el mundo con su talento técnico.

Hablar en casa de estas mujeres ayuda a que las niñas se reconozcan en ellas:

  • Ada Lovelace, considerada la primera programadora de la historia, escribió en el siglo XIX el primer algoritmo pensado para ser ejecutado por una máquina.
  • Katherine Johnson, matemática de la NASA, calculó trayectorias clave para las primeras misiones espaciales tripuladas de Estados Unidos.
  • Margaret Hamilton dirigió el desarrollo del software de navegación del programa Apolo y popularizó el término «ingeniería de software».
  • Hedy Lamarr, actriz e inventora, coinventó una técnica de comunicación que sentó bases para tecnologías como el wifi o el bluetooth.
  • Margarita Salas, bioquímica española, realizó descubrimientos fundamentales en biología molecular que siguen siendo usados en laboratorios de todo el mundo.
Katherine Johnson, matemática de la NASA y referente para mujeres en ingeniería

Katherine Johnson, matemática de la NASA cuyos cálculos fueron clave en la carrera espacial.

Además de los referentes históricos, es muy valioso que las niñas conozcan a mujeres reales y cercanas que trabajen en tecnología: una vecina ingeniera, una prima informática o una profesora de física. Escuchar cómo es su día a día rompe la imagen lejana y fría de estas profesiones.

Por último, la comunidad importa. Cuando una niña es la única chica en un taller de robótica, es más probable que lo abandone. Cuando comparte la experiencia con otras chicas que también disfrutan programando, el interés se refuerza. Buscar espacios de aprendizaje inclusivos, donde se cuide la participación de todas, marca una gran diferencia.

Un mensaje para las chicas que están leyendo esto

Si eres una chica y te gusta entender cómo funcionan las cosas, si disfrutas resolviendo retos, si te preguntas cómo se programa una aplicación o cómo se construye un robot, este mensaje es para ti: la ingeniería también es tu sitio.

No necesitas ser un genio ni haber nacido sabiendo programar. Las ingenieras que hoy diseñan satélites, desarrollan inteligencia artificial o crean tecnología médica empezaron exactamente donde estás tú: con curiosidad y ganas de aprender. La tecnología del futuro necesita miradas diversas, y la tuya puede ser la que marque la diferencia.

Retrato de Ada Lovelace, pionera de la programación y referente de chicas en ciencia y tecnología

Ada Lovelace, pionera de la programación en el siglo XIX.

Por qué importa tanto cerrar esta brecha

Aumentar la presencia de mujeres en ingeniería no es solo una cuestión de justicia. Las profesiones STEM son algunas de las mejor remuneradas y con mayor proyección laboral. Si las chicas se quedan fuera, pierden oportunidades profesionales y económicas muy relevantes.

Pero también pierde la sociedad. Cuando los equipos que diseñan la tecnología no son diversos, los productos tampoco lo son. Desde aplicaciones de salud que no tienen en cuenta a la mitad de la población hasta sistemas de inteligencia artificial con sesgos, la falta de mujeres en ingeniería tiene consecuencias reales en la vida de todas las personas.

Como recuerda la UNESCO, garantizar la igualdad de acceso de niñas y mujeres a la educación STEM es imprescindible para construir un futuro más innovador, sostenible y justo.

Resumen: las 3 claves para cambiar la historia desde casa

  1. Cuida el lenguaje y las expectativas: refuerza el esfuerzo, normaliza el error y evita los estereotipos de género en las tareas y conversaciones.
  2. Aprende haciendo: ofrece experiencias prácticas de construcción, programación, robótica y experimentación que despierten la curiosidad.
  3. Busca referentes y comunidad: da a conocer mujeres científicas e ingenieras y facilita espacios donde las niñas compartan su pasión por la tecnología.

El 20 % no es un destino, es un punto de partida. Cada conversación en casa, cada experimento en la cocina y cada robot programado en una tarde de fin de semana suman. Cambiar la historia de las mujeres en ingeniería empieza mucho antes de la universidad, y empieza en nuestras casas.

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